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El personaje

EL MÁS GRANDE DE LOS MAESTROS

Muhammad ibn Ali ibn al-Arabi, conocido como Ibn Arabi o Abenarabi, nació en Murcia, en 1165, cuando era un reino independiente gobernado por Ibn Mardanis.

Fue un místico sufí, es decir, un espiritual que se dedicó a la vía contemplativa del Islam, llamada sufismo. Cultivó diversas ramas del saber tradicional, como la alquimia, la interpretación del Corán, la poesía o la teosofía, que propone un conocimiento de Dios y sus manifestaciones a través de la iluminación interior. Además de experimentar profundos estados de conciencia místicos y visionarios, supo sistematizarlos y explicarlos de forma detallada.

Su espíritu creativo y viajero le llevó a recorrer diversos países de África y del sudoeste de Asia en los que conoció a otros místicos y divulgó sus conocimientos.

Se autodefinió como “un trujamán, -un intérprete- de la pasión, un traductor del más ardiente anhelo divino y un heredero de la sabiduría profética.”

Firmemente arraigadas en el Corán, sus ideas resultan relevantes e inspiradoras, no solo para el sufismo, sino también para la historia universal del pensamiento y la espiritualidad. Para Ibn Arabi, cada persona tiene un camino único hacia la verdad, y ésta une todos los caminos, lo que muestra una apertura a la convivencia y al respeto entre las religiones.

Dejó escritas más de trescientas obras, entre las que destaca al-Futûhât al-makkiyya (Las iluminaciones de La Meca), que es una enorme enciclopedia de conocimiento espiritual en la que incluye muchas referencias de su vida.
También es autor de algunos de los versos más exquisitos y profundos que se han escrito en lengua árabe. El intérprete de los deseos es una obra lírica de gran delicadeza.

Su pensamiento, sus libros y su historia personal nos sitúan frente a un místico que asoció sus ideas religiosas con una profunda percepción de la libertad personal. Frente a la idea de que el infiel, es decir, el que pertenece a otra religión, debe ser combatido, Ibn Arabi defiende una fraternidad que, en el ámbito de la cultura de la época, tenía mucho de universal. Se le conoce también por sobrenombres como “El más grande de los maestros” o “El vivificador de la religión”. Está enterrado en Damasco, donde murió en 1240, a los setenta y cinco años.

DE ÉL SE HA DICHO:
“Es uno de los genios más profundos del sufismo y de la historia de la espiritualidad.”
(Mircea Eliade)

“Es uno de los mayores teósofos y visionarios de todos los tiempos.”
(Henry Corbin)

“Visionario, místico, teósofo, viajero.”
(Fernando Mora)

  • Arabian Geometric Patterns - 2011 edition

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Las rutas de Ibn Arabi