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Contexto histórico y social

La época en la que vivió Ibn Arabi está presidida por luchas, conquistas y peregrinaciones.

Las dos grandes religiones, el Islam y el Cristianismo, pugnan por hacerse con los territorios de Al-Andalus y de Tierra Santa. Lo que hoy conocemos como Oriente Próximo o Asia occidental, ve pasar por sus territorios numerosas tribus procedentes del Lejano Oriente que quieren dominar la zona.

Es también la época de las grandes rutas comerciales que enlazan Oriente con la puerta de Europa y favorecen un intercambio de conocimientos con consecuencias positivas en los siglos posteriores.

Bagdad, Alejandría, Damasco y Córdoba son los principales destinos de ese comercio, que incorpora en sus mercancías sedas, té, perlas, maderas finas y especias, marfil, incienso y mirra.

Esta es, a grandes rasgos, la descripción del momento histórico que vivió Ibn Arabi:

Cuando nace Ibn Arabi, en 1165, reina Ibn Mardanis, que ha pasado a la historia como El Rey Lobo. La ciudad de Murcia es entonces la capital del reino independiente de Tudmir, que además de la actual región de Murcia, incorpora parte de Valencia, La Mancha y llega hasta Albarracín, en Teruel.

El reinado de Ibn Mardanis, entre 1147 y 1172, coincide con un periodo muy próspero. Murcia había alcanzado una densidad de población importante, y su industria de alfarería, seda y vidrio, era de gran calidad.
Se construye una mezquita, un palacio del gobernador, hospitales, baños, mercados, alcázar, cementerios y la ciudad adquiere un urbanismo laberíntico. En ella se concentran los artistas y maestros más importantes del reino y desarrollan un completo programa de arquitectura y arte. Esto se traduce en un diseño de alta calidad que marca el desarrollo de la ciudad hasta la ocupación almohade.
Cuando llegan los almohades, no solo vencen a los almorávides, sino que además consiguen detener el avance cristiano por el norte y crean un amplio imperio que comprendía zonas del norte de África y casi toda la mitad sur de la Península Ibérica. Hacen de Sevilla su capital, una ciudad hetorégena y cosmopolita que se convierte en centro neurálgico en todos los aspectos.

Culturalmente es un periodo rico pues protegen la investigación científica y filosófica, y se crean edificios que actualmente son auténticas joyas de arquitectura, como la Giralda en Sevilla y el minarete de la mezquita Kutubiyya en Marrakech.

Pero la Reconquista castellana comienza su avance hacia el sur de la península y en Al-Andalus, la muerte del califa, las luchas sucesorias por el trono y la victoria cristiana en 1212 desintegran por completo ese imperio que ve cómo las principales ciudades andalusíes claudican, y cómo el norte de África también se va desintegrando.

El periodo comprendido entre el siglo XII y el siglo XIII es de invasiones y conquistas en lo que hoy conocemos como Oriente Próximo. Es, también, la época de las Cruzadas, unas expediciones que, partiendo de Europa, pretenden restablecer el control cristiano en Tierra Santa, la cual comprendía entonces ciudades de Palestina y Jerusalén. El fracaso de la Tercera Cruzada, a finales del siglo XII, pone dichas tierras bajo el dominio del sultán Saladino, quien gobierna la región desde Egipto.

A principios del siglo XIII, cuando Ibn Arabi parte hacia Oriente, Persia es conquistada por los mongoles y, mientras tanto, en Europa se organiza la Cuarta Cruzada. Ésta había sido convocada por el papa Inocencio III y dirigida contra Egipto, aunque cambió después su objetivo y llegó a Bizancio, que actualmente conocemos como Estambul.

Al nuevo imperio creado entonces se le denomina Imperio Latino y su capital, Bizancio, es bautizada como Constantinopla. Allí llegan muchos caballeros latinos que están en Tierra Santa, lo que causa un declive importante en la zona de Palestina.

Las Cruzadas tuvieron también consecuencias positivas, como la creación de rutas comerciales entre Oriente y Occidente, la transmisión de muchos conocimientos desde Bizancio y los países árabes a Europa, y el avance en la cartografía, al conocerse nuevos territorios. En Europa, sus continuos fracasos debilitaron a los señores feudales que veían cómo perdían dinero y, a veces, la vida. Esto provocó el fortalecimiento de las monarquías y el nacimiento de una nueva clase social: la burguesía, sin títulos pero con poder económico.

La cultura occidental, y especialmente España, se ha visto enriquecida por los avances tecnológicos surgidos en la cultura árabe. Su herencia nos ha dejado, entre otras cosas, el arte de la irrigación, que tomaron de Egipto; canales, acequias, fuentes y pozos de agua favorecerán la introducción de nuevos cultivos.

También nos enseñaron el trabajo de diversas industrias, como la forja del acero, el tejido de alfombras, el trabajo del cuero, la elaboración de perfumes y joyas o la confección de sedas y gasas.

El comercio se vio favorecido por esas grandes rutas formadas habitualmente por caravanas de camellos, que unirán el mar Mediterráneo con el océano Índico. Hemos heredado de ellos la grafía de los números, el cero, el álgebra, la geometría y la trigonometría, ciencias que dieron un empuje a la compresión de las matemáticas.

También nos enseñaron los secretos de la alquimia, que es la ciencia precursora de la química, y conocimos, gracias a eso, elementos como el alcohol, el álcali, el antimonio, y el jarabe. Los primeros libros ilustrados del cuerpo humano con sus órganos y partes los hicieron los árabes. Nos enseñaron a manejar el astrolabio y la brújula, que serán muy útiles en el avance de la astronomía.

Sus edificios resolverán problemas estructurales con elementos como el arco ojival, la bóveda y el arco de herradura y se decorarán con arabesco y azulejos, material este último que ha sido determinante en las características de la arquitectura desarrollada en el sur de España.

Además, su influencia en el pensamiento y en la literatura, en la gastronomía y otros muchos hábitos y tradiciones, ha enriquecido nuestra cultura y nuestra forma de vivir actual.

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Las rutas de Ibn Arabi